Durante lo transcurrido el año 2022 en el municipio de Sibaté 6 jóvenes mujeres se han quitado la vida, dos de ellas exalumnas de la IED general Santander al igual que un joven que había desertado muy poco del plantel. Trastornos de ansiedad y depresión fue el cuadro común de las personas que cometieron suicidio. Cuando contrastamos información nos encontramos que esta tendencia Pos pandemia, en los jóvenes han aumentado un 70% (FAROS, 2021). En este mismo estudio Faros (2021) informa que: Cuatro de cada cinco jóvenes afirman que el uso de las redes sociales provoca que sus sentimientos de ansiedad empeoren. Ver amigos constantemente de vacaciones o disfrutando de las noches, puede hacer que los jóvenes sientan que se están perdiendo cosas mientras que otros disfrutan de la vida. Estos sentimientos pueden promover un "comparar" y un efecto de "desesperación". Las imágenes a menudo poco realistas que se ofrecen en las redes sociales pueden hacer que los jóvenes tengan sentimientos de autoconciencia, baja autoestima y la búsqueda del perfeccionismo que puede manifestarse como trastornos de ansiedad”. Además de los trastornos de ansiedad, hay una epidemia de depresión severa en los jóvenes. Hay una creciente evidencia que vincula el uso de las redes sociales y la depresión en los jóvenes. El uso de las redes sociales durante más de dos horas al día también se ha asociado, de forma independiente, con la mala auto apreciación de la salud mental, un aumento de los niveles de angustia psicológica y la ideación suicida. Este fenómeno se ha etiquetado incluso como "depresión de Facebook" (FAROS, 2021). La dependencia en aumento, la “naturalización” que los jóvenes estén conectados todo el tiempo debido a que las prácticas en pandemia se realizaban a través de dispositivos tecnológicos y que sus familias vean estos como natural ha conllevado a que no se tenga conciencia del gran problema que esto representa, es más, los mismos adultos han desarrollado una tendencia a la dependencia, que ha terminado con que el paisaje de un hogar sea el constante uso de las redes en espacio donde se debía compartir personalmente.
En las aulas de clase, este panorama es similar, poca socialización, muchos mensajes de alerta de la mal situación psicoemocional que se percibe a diario. Muchos docentes, al estar enlazados con los estudiantes se dan cuenta de ello, pero no existe una propuesta metodológica que permita discernir casos, plantear rutas de atención claras y mitigar las causantes de ello. Esta misma dependencia, se contrasta con el perfilamiento de estudiantes que mientras son activos en redes son inactivos en clase. La frecuente deserción o el bajo rendimiento académico contrasta con perfiles de estudiantes que reflejan baja autoestima; publican estados relacionados al consumo de SPA, a problemas familiares, líos sentimentales, insatisfacción de su modo de vida actual.




